Ya comentamos hace unas semanas de la importancia de la vitamina D en los enfermos del COVID, ya que es muy común encontrar un déficit de la vitamina en estos pacientes.

Efectivamente sabemos que la vit. D intervienen en muchos más procesos que el control del calcio y la mineralización de los huesos. En este caso es esencial en el desarrollo y control de las células inmunitarias de defensa, además de un efecto antiflamatorio, al reducir las citoquinas proinflamatorias enormemente elevadas durante la enfermedad.

¿Qué personas pueden tener un mayor riesgo de presentar carencias en esta vitamina?

Pues las personas que tienen poca exposición solar. Nuestro cuerpo está preparado para realizar nuestras tareas diarias al aire libre, en la antigüedad con la caza y la recolección. En la actualidad pasamos demasiadas horas dentro de una oficina, donde apenas tenemos exposición solar.

También tienden a tener déficits las personas con sobrepeso y obesidad, porque esta vitamina queda atrapada en la grasa corporal. Los ancianos, que tienen más dificultad en la síntesis de la vitamina. Enfermedades que activen al sistema inmune, ya que aumentaría las necesidades de la vitamina. Ej. un hipotiroidismo no controlado.

Recuérdanos cómo obtener la vitamina D para evitar los déficits

La mayor parte de la vitamina (90%) proviene de la síntesis en la piel con la exposición solar, solo una pequeña parte procede de los alimentos.
Por ello deberíamos recomendar exposiciones cortas de cara, brazos y piernas (10-15 minutos, la mitad del tiempo a la que se produciría un enrojecimiento de la piel), sin protección solar, ya que son precisamente los rayos UV los que activan la producción de la vitamina.

Entonces, la alimentación aquí poco tiene que hacer…

Es cierto que para la obtención de la vitamina los alimentos tienen poca influencia, pero son imprescindibles otros nutrientes como el Mg que intervienen la síntesis de proteínas transportadoras de la vitamina, o el Fe, B2 y de nuevo el Mg necesarios para los procesos de la activación de la vitamina.

Nutrición y COVID

Por lo que dices también otros nutrientes son importantes para mantener las defensas en condiciones óptimas

Si, y no solo para que la vitamina D pueda realizar sus funciones, si no también para que las defensas se desarrollen adecuadamente y puedan defendernos de cualquier infección. Estos son el zinc, que lo podemos encontrar en el marisco, como las ostras o las almejas, las carnes rojas, o los frutos secos como las avellanas y las almendras… Otro es el selenio, que lo encontramos en la carne de cerdo, las nueces del Brasil, semillas de mostaza o de girasol, pescados y mariscos, cereales integrales. La vitamina A, con contenidos muy elevados en el hígado o foie-gras, en pescados como el congrio y moluscos como las almejas o berberechos, o en su forma de carotenos en los vegetales la zanahoria, lechuga tipo icerberg y el repollo, guisantes, el pimentón, mango…

Si os fijáis la cosa se va encaminando a una alimentación saludable… ¿y para aquellos que no comen bien? ¿Suplementamos?

La suplementación debería ser la última opción y siempre si hay un déficit. Si tenemos los valores normales, nuestro sistema de defensas no va a funcionar mejor por suplementar, y sí podría dar problemas. Un exceso de vitamina D puede llegar a ser tóxico, el consumo de zinc en cantidades importantes puede obstaculizar la absorción del cobre, incluso un exceso de vitmamina A puede favorecer la aparición de ciertos tumores… y todos estos problemas se evitan si los nutrientes los obtenemos de forma natural de una alimentación equilibrada. A parte, en los alimentos, sobre todo en los vegetales, existen otros componentes que, aunque no son necesarios para que nuestro cuerpo pueda funcionar, tienen funciones muy importantes, como antioxidantes, moduladores de la microbiota intestinal…

Pero no solo la vitamina D será importante para evitar la gravedad en los enfermos de COVID…

Efectivamente, el estado nutricional inicial de la persona influirá en la evolución de la enfermedad. La inflamación que produce la infección, si no se dan los aportes nutricionales adecuados, consume rápidamente la masa muscular y otras reservas de proteínas, y esto se exacerba con la inmovilización del paciente. La fiebre y la dificultad respiratoria aumentan el gasto energético, el problema es que entre los síntomas del COVID puede afectar al apetito, la ausencia del gusto y del olfato, problemas al
tragar, todo ello lo complica. El paciente se desnutre. Son frecuentes las diarreas, con la consiguiente deshidratación y pérdida de minerales.

Este problema se puede encontrar en los ancianos, que pueden presentar poca masa muscular, por una falta de movilidad, y una malnutrición por dietas poco variadas y con escasos micronutrientes. Todo ello hará que un paciente con una alimentación adecuada que le aporte la cantidad suficiente de nutrientes y la práctica rutinaria de actividad física se enfrente mucho mejor a la enfermedad.

Se ha relacionado la gravedad de la enfermedad con la obesidad ¿hasta qué punto puede influir?

Se sabe que las personas que sufren obesidad tiene en torno a un 48% más de mortalidad que las que cuentan con un peso adecuado, ya que los síntomas y las complicaciones suelen ser de mayor gravedad. Tal es la situación, que se ha barajado la posibilidad de si priorizar a este colectivo en el plan de vacunación contra el coronavirus. Estos pacientes ya cuentan con una inflamación de base y un mayor riesgo de trombos en su organismo, en donde la respuesta inmune de defensa del organismo puede estar alterada, y  que al confluir con la que produce el COVID, se acentúa aún más los efectos. A parte se ha comprobado que los adipocitos (las células de grasa del cuerpo) tienen mayor facilidad de entrada del virus y son un reservorio de este, antes de propagarse a otros tejidos. Por lo que a más tejido graso mayor riesgo de contraer la infección. Y otro factor a tener en cuenta, es que la obesidad disminuye la función pulmonar, es frecuentes pacientes con apneas. Está claro que el COVID agravaría la situación. De hecho, la obesidad sería una de las causas del porqué se están observando casos graves en jóvenes.

Nutrición y COVID

¿Habría otras enfermedades que podrían empeorar la gravedad de la enfermedad?

La infección por COVID, se caracteriza por producción de una gran cascada de citoquinas inflamatorias, por lo que enfermedades que parten de una inflamación crónica de base podrían llevar a una sintomatología más grave. Este era el caso de la obesidad, pero también en la diabetes tipo II y la enfermedad cardiovascular, muy relacionadas con la primera.

Hablas de la inflamación en el organismo previo a la infección, y las consecuencias que tiene al sumarse a la inflamación producida por el COVID, ¿qué puede generar esta inflamación previa que prediga una infección por COVID más complicada?

Tal vez unas de las más importantes es la inactividad física, que a su vez estaría relacionada con la obesidad, donde se produce unos procesos la falta de óxigeno en el tejido graso y la producción de radicales que aumentará la inflamación.
El estrés crónico y la privación del sueño (menos de 6h diarias aumenta el riesgo de muchas enfermedades). La exposición a la contaminación y al tabaco. El consumo de procesados: las grasas trans de los alimentos industriales, o exceso de aceites de semillas (girasol), alimentos azucarados que suben de forma agua el azúcar en sangre, sustancias que se forman durante las frituras.

También se ha hablado de la relación de la microbiota intestinal y el COVID. Para empezar ¿Qué es eso de la microbiota?

La microbiota son comunidades de microorganismos (bacterias, hongos, arqueas, virus y protozoos), pero que no solo están en el intestino si también existen en otras muchas otras partes del cuerpo, entre ellas los pulmones, con múltiples efectos beneficiosos para la salud, incluso protegernos de otros microrganismos patógenos.
Lo bueno es que estas comunidades de microbios del intestino y el pulmón están comunicadas en ambas direcciones. El problema es cuando la microbiota se desequilibra, problema cada vez más común a nivel digestivo, ya que al final repercute en el pulmón, haciendo más fácil la infección. O al revés, que la microbiota pulmonar se altera por el COVID, llegando a afectar a nivel digestivo con síntomas como diarreas, vómitos, nauseas, dolor abdominal…

¿Pero cómo es posible esta comunicación de órganos tan alejados?

El desequilibrio de estas microbiotas con microorganismos patógenos dañan a las células que hacen de barrera en el intestino o pulmón, formándose “agujeros” por lo que pueden pasar sustancias que no deberían pasar a sangre, como toxinas e incluso microrganismos enteros, generando una activación del sistema de defensa y una inflamación. Y por la sangre este efecto inflamatorio puede trasladarse a otras partes del organismo.

 

Nutrición y COVID

¿Y cómo puede ayudar una buena la microbiota?

Pues porque pueden realizar muchas funciones, sintetizan sustancias que matan a las
bacterias perjudiciales, pueden llegar a disminuir la inflamación, estimula a nuestro sistema inmune, disminuir la permeabilidad (agujeros) de las barreras tanto del intestino como del pulmón… y estas solo con las que se podrían relacionar a nivel de la infección del COVID.

¿Sería interesante usar probióticos?

Realmente podría serlo. Pero no valdría cualquier probiótico, tienen que usarse cepas
determinadas, con funciones muy definidas, para que así tengan una utilidad. De todas formas la infección por COCID es demasiado nueva y se necesitan muchísimos más estudios para poder confirmar todas estas teorías.

¿Pero cómo mantener una microbiota sana que nos ayude a protegernos?

Evitar los productos procesados, los aditivos y las grasas industriales alteran a la microbiota, así como los alimentos azucarados, las dietas ricas en grasa (abuso de fritos). Tampoco debemos olvidad el alcohol, y tal vez disminuir el gluten, que no digo eliminar, y ni mucho menos en sustituir en productos procesados sin gluten, lo cual conseguiríamos el efecto contrario.

¿y qué nos conviene?

Pues consumo de abundantes vegetales, las verduras, legumbres, que nos dan fibras para alimentar a nuestra microbiota, frutas, en especial las frutas rojas, frutos secos, el chocolate negro, las especias, con antioxidantes y sustancias fotoquímicas que ayudan a equilibrarla, y alimentos fermentados, como el yogur, quesos, kéfir, el chucrut con bacterias y sus metabolitos beneficiosos para la salud.

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