Las bebidas alcohólicas

Las bebidas alcohólicas

¿Cuánto alcohol es recomendable ingerir?

La respuesta es sencilla, pero no gustará a muchos, cuando (según la OCU) el 90% de los adultos españoles incluyen bebidas alcohólicas como parte de su alimentación. Cuanto menos alcohol se ingiera mejor. Las recomendaciones que se dan de una o dos copas al día son ingestas máximas que no se deberían sobrepasar. Es cierto, que en la pirámide de los alimentos de la SENC viene el vino, pero es una pirámide desfasada, que no ha tenido en cuentas las recientes recomendaciones de la OMS.

 

¿Pero esto se refiere a bebidas de alta graduación, como el whisky, coñac o ginebras?

Me temo que no, y que también se incluyen bebidas como la cerveza y el vino. Lógicamente las bebidas alcohólicas  con más graduación son más perjudiciales, pero esto no hace que las que tengan menos alcohol sean mejores.

¿Tenemos estudios científicos que nos demuestren sus efectos dañinos?

Podemos poner algunos ejemplos. En el 2007 el Fondo Mundial para la Investigación con el Cáncer declaró que los estudios científicos relacionados con el cáncer justificaban la recomendación de no ingerir bebidas alcohólicas, incluso de ingestas pequeñas, y de cualquier tipo

(vino, cerveza, o whisky). Esto lo corroboró  en el 2012 La Sociedad Americana del Cáncer.

Más aún, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, que forma parte de la OMS, afirmó en febrero de 2014 que no hay una cantidad segura de alcohol.

No solo eso, la OMS resumió la relación alcohol-salud de la siguiente manera: el alcohol es teratogénico, neurotóxico, inmunosupresor, perjudicial para el sistema cardiovascular, carcinogénico y aumenta el riesgo de muerte.

¿Y qué pasa con lo que se decía de los “probados” beneficios cardiovasculares de “la copita de vino”?

Las propiedades beneficiosas del vino provienen de la llamada “paradoja francesa”, en la cual se comprobaba que los franceses pese a consumir muchas grasas saturadas en su alimentación (grasas malas que aumentan el colesterol) tienen pocas enfermedades cardiovasculares, y que estas propiedades eran debidas a sustancias polifenólicas contenidas en el vino. Pero estos estudios no estaban bien diseñados por lo que no tardaron en desacreditarse.

También se ha publicado en prensa que una copa de vino al día reduce el riesgo a tener una depresión o incluso que tiene las mismas propiedades saludables que el ejercicio físico. ¿Qué hay de cierto de esto?

Muchas de esas afirmaciones tienen poco de cierto, y es que detrás de todas ellas, los autores de dichos estudios pertenecen a la “Fundación para la Investigación del Vino y Nutrición”, a la fundación “Cerveza y salud”, a la “Fundación Europea para la Investigación del Alcohol”, o son investigadores que reciben sus honorarios por parte de “Cerveceros de España”. Son estudios donde el alcohol siempre sale bien parado, buscando las propiedades nutricionales de las citadas bebidas. Rascando un poco no solo comprobaremos dichas instituciones aportan estudios, todos favorables, sino que también averiguaremos que están financiados por la industria que elabora estas bebidas.

¿Se puede concluir que el vino no tiene ninguna propiedad saludables?

La OMS en su informe de “Alcohol en la Unión Europea: consumo, daño y políticas de abordaje” publicado en el 2012 llegaba a las siguientes conclusiones con respecto al supuesto efecto protector del consumo “moderado”:

  • Solo se observa un efecto protector en la enfermedad isquémica, que es uno de los muchos tipos de enfermedades cardiovasculares existentes.
    • No es aplicable en jóvenes.
    • En personas mayores, el supuesto efecto protector es despreciable si se compara con los beneficios del ejercicio y una dieta sana.
    • La OMS piensa que es probable que en los estudios no se hayan tenido en cuenta factores como que quienes consumen alcohol con moderación suelen tener un mayor nivel socioeconómico o cultural, un mejor patrón de alimentación, más acceso a servicios sanitarios, etc.

    Aunque hay evidencias que muestran un menor riesgo de ciertas dolencias ante un consumo bajo de alcohol, debemos contrastarlas con los daños asociados con dicho consumo. Si ponemos en una balanza los efectos nocivos del alcohol con los posibles beneficios, los nocivos ganan por goleada.

 

Si es tan perjudicial ¿por qué se permite su comercialización?

Porque indudablemente está muy arraigado a nuestra cultura, desde su producción, a la sociabilización entre las personas, la riqueza organoléptica, el maridaje con las comidas y un largo etcétera, hace que forme parte de nosotros, y que aunque no sea un “vicio“ saludable, sí que es necesario reducir al máximo, porque cualquier dosis aumenta los riesgos.

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